miércoles 15 de abril de 2009

La puta, la Paquita, La Chata y el jilorio.

Esto es que estaba la Isabel II de Borbón y eso y va y tiene una hija…

- Cruza los dedos, Francisco, para que ésta no se nos muera.

- Pufff… yo los cruzo, Isabel, pero ya sabes cómo va eso de la consanguinidad.

- No me hagas reír, Francisco, no me hagas reír.


El pobre Francisco, el pobre Francisco de Asís María Fernando de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, apodado “Paquita”, no entendió lo que Isabel quiso decirle. O bien se hizo el sueco. Isabel II y tal de Borbón y eso, hija de Fernando VII, había nacido en 1830 y en un alarde de cordura las mentes pensantes de la época la proclamaron reina con tres añitos. “Es una Borbón, su mente está en su punto álgido de desarrollo. Sólo le queda degenerar”. Por lo menos, lo tenían claro… bueno, no todos, pero ésa es otra historia.


La Isabel II.


El caso es que a la Isabel la obligaron a casarse con el Francisco, más que nada porque toda Europa estaba pendiente del enlace de la reina y todos estuvieron de acuerdo en que, a ser posible, era mejor elegir o a alguien al que no le interesara la política o que fuera tonto del haba. Francisco reunía ambos requisitos. Sin embargo, aun cumpliendo con toda Europa, no cumplía con la Isabel y, evidentemente, ella lo odiaba:


“¿Qué pensarías tú de un hombre que la noche de bodas tenía sobre su cuerpo más puntillas que yo?”


Aun así, tuvieron once hijos. Sólo cuatro superaron la niñez, todo un logro teniendo en cuenta que Isabel y Francisco eran primos y que cada uno cargaba en sus genes generaciones de degeneraciones. Claro que, si consideramos el poco interés del Francisco por la Isabel y las alegrías que ella se permitía, estamos haciendo historia ficción. “Paquita”, esto es, Francisco de Asís María Fernando de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, se había ganado su fama a pulso…

Gran problema es en la Corte
averiguar si el Consorte
cuando acude al excusado
mea de pie o mea sentado.

El Francisco. Un bribón.


…y la Isabel también se ganó la suya:

Es madre, y de sus hijos se murmura;
es vieja y con enredos se entretiene;
es rica, y nadie sabe lo que tiene;
es enferma de amor, y pide cura.
Aunque pocos le han visto la figura,
dicen que con su espíritu se aviene,
y tímido o viril, según conviene,
el eco de su voz vibra en la altura.
Pilláronla una vez en un renuncio,
y aun puedes ver impreso en los diarios
de su historia fatal el claro anuncio.
Vive en la corte, haciendo calendarios,
y en la plaza del Rey o en la del Nuncio
admite flete a precios ordinarios.

(Aparecido en Gil Blas, 14-1-1865). Fuente: Revista Política, nº 57, mayo-junio de 2005.


Así, cada hijo concebido fue asignado a alguno de los amantes de la reina. Por un lado, Alfonsín, Alfonso Francisco de Asís Fernando Pío Juan María de la Concepción Gregorio Pelayo de Borbón y Borbón, que llegaría a rey como Alfonso XII, era apodado el “puigmoltejo” a partir de los apellidos de uno de sus posibles padres, el capitán de ingenieros Enrique Puig Moltó (otro de sus posibles padres era el general Francisco Serrano y Domínguez). Por su parte, el honor de concebir a María Isabel Francisca de Borbón recayó sobre José María Ruiz de Arana y de él, el apodo que recibió la muchacha, la “Araneja”. Resumiendo, que la reina no se aburría. Sí, era un poco puta… y eso que decían que se dejaba manipular por sus asesores religiosos (Antonio María Claret y Sor Patrocinio de San José… no haré bromas sobre este nombre).


Y bien, descubiertas la puta y la Paquita (y comentado ayer el invento del demonio que acabó con la elegancia de la realeza) es hora de que avancemos… y para eso tenemos que volver al principio, a la hija con la que comenzamos este relato: María Isabel Francisca de Borbón (la que acabamos de llamar la "Araneja"). Para ser exactos:

María Isabel Francisca de Asís Cristina Francisca de Paula Fernanda Luisa Josefa Trinidad Joaquina Ana Melchora Gaspara Baltasara María del Olvido Dolores Pilar Concepción Carmen Desamparados Filomena Micaela Rafaela Gabriela Dominga de la Cogolla Tomasa Teresa Rita Lucía Águeda Bárbara Bibiana María de la Cabeza Isidra Rosalía Polonia Lugarda Ramona de Cosme Damiana Antonia de San Antón Juana Bautista Vicenta de Ferrer Genara Francisca de Borja Blasa Jacoba de Roque Caralampia Yurena Tamara Ámbar de la Virgen del camino seco y del cristo de la buena muerte.


Bien, si alguno se preguntaba por qué en la realeza son más bien tirando a tontitos, que se imagine una clase con treinta, qué digo treinta, con diez alumnos como ésta y que luego imagine al profesor pasando lista…

“Bueno, chicos, y ahora que ya pasamos lista… ¡Vaya! Ya es hora de recoger. Nos vemos mañana”


La Chata.


El pueblo, en cambio, según vio su nariz, le cambió el nombre por el de “La Chata”. Mucho mejor, dónde vamos a parar. El caso es que esta pobre mujer, princesa de Asturias hasta que nació su hermano Alfonso, tuvo lo que podríamos llamar una ajetreada vida, empezando por el apuñalamiento que sufrió su madre (la que era un poco puta) por parte de un tal Martín Merino, curilla él, cuando iban a bautizarla. Sorteado el lance, creció en la llamada “Corte de los Milagros” y tuvo que casarse con Cayetano de Borbón-Dos Sicilias, conde de Girgenti, que era epiléptico y aficionado a intentar suicidarse. Un día lo consiguió. Ya se sabe, el que la sigue la consigue.

Además, tuvo tiempo de viajar a Argentina para la celebración del Centenario de la Revolución de Mayo (1810), de retomar el título de princesa de Asturias, de volver a perderlo, de acudir cuánto pudo a los toros y de, supuestamente, ser querida por el pueblo. De hecho, proclamada la Segunda República fue la única miembra el único miembro de la familia Borbón que no es invitado a irse. Pero prefirió irse… y murió sólo 9 días después. Se siente, no haberte ido. Algunos titulares periodísticos dirían…


«Era, indiscutiblemente, la figura de la Familia Real más popular y querida en Madrid, por su espíritu democrático y castizo».


¡Toma ya!


Pero lo importante, lo más importante de todo, lo que nos tiene aquí sentados, es la última palabra del título: el jilorio.


Jilorio. m. Ganas de comer que se manifiestan generalmente mediante cosquilleo y desazón estomacal. “A media mañana, si siento un jilorio, sí me tomo algo”.


Y es que, en honor de “La Chata”, fueron creadas las “Chatitas”, el que aseguran que es “el dulce de Madrid”. "¿Y qué?", preguntarán, pues que es ahora, y sólo ahora, cuando puedo decir que lo que había en esta bolsa eran unas “Chatitas”…

¡Un regalo para el señor Mapoto!


Y es ahora, y sólo ahora, cuando puedo dar las gracias a Copépodo y a Alfie por tan gentil regalo que calma y calmará estos días mi jilorio. Gracias chicos, va por ustedes…


Qué jocico tiene el jodío.


¡Deprisa que no llegamos!
¡Quiero la mantilla blanca!

¡Qué run—run por los salones
del palacio de Quintana!



Y eso, más o menos, es todo. Resumiendo: la puta, la Paquita, La Chata y el jilorio.



Nota 1: Lo de la “Araneja” fue en recuerdo de Juana la Beltraneja "dudosamente engendrada por el rey Enrique IV de Castilla".
Nota 2: Y dirán: "Oiga, machista de mierda, la Isabel II no era puta, se follaba a quien quería". Y un servidor les responderá: "Tienen razón, pero reina y responsable, aunque fuera virgen la llamaría puta... y luego pediría perdón a las putas".
Nota 3: El termino “jilorio” está tomado del Diccionario de canarismos de Antonio Lorenzo, Marcial Morera y Gonzalo Ortega.
Nota 4: Los versos del final son los primeros de “La Chata de los toros”, romance dedicado a La Chata por Rafael Duyos.
Nota 5: Oiga, y que todo haya sido para dar las gracias... y qué cojones los de don Ricardo acertando (casi) lo del concurso.

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13 Cruzan los dedos...:

Sophie dijo...

Dior de mi vida...esto me ha recordado una leyenda que rula por ahí que dice que cuando la chocholoco de Isabelita, con perdón, fue a Cádiz, intentó camelarse a un marinero de tan ilustre ciudad...y el marinero le dijo que nanay. Hay dos versiones: una que dice que le dolía la cabeza y otra que era un hombre casado y se negaba a ponerle excrecencias córneas a su esposa. Isabelita salió echando pestes de Cádiz y diciendo que eran tós unos maricones y ahí se quedó tan injusta fama.

Felicidades a Ricardo, que usté disfrute bien el premio

ricardo dijo...

Oiga, a mi el Copépodo, después de casi 4 años de ciberelación nunca me ha regalado nada (excepto sus maravillosos post) ¿Qué le ha dado usted para recibir tal privilegio?

Mapoto dijo...

Sophie, pues diría que, fuera como fuera, el marinero le echó huevos para decirle que no a la reina.

Ricardo, nunca subestime el poder de unos almendrados del Bar Parada fuencalentero.


Saludos.

copepodo dijo...

Que usted las disfrute. Me ha gustado mucho el hilo conductor que ha llevado a desvelar el contenido de la bolsa. ¡Las chatitas deben considerarse un dulce republicano! Nótese la elegancia de la chata, que a pesar de tener permiso de la Villa y Corte para quedarse, opta por irse a morir al exilio, como debe ser.

Sr. Ricardo: sus dudas se despejarán a su debido momento, no me sea impaciente y comprenda que con ocasión de mi reciente visita a la patria del sr. Mapoto quisiéramos estrechar lazos blogueriles pese a la contrariedad de que, coincidiendo en el espacio, no pudiésemos coincidir en el tiempo.

ricardo dijo...

Lo del Bar Parada lo explica todo.

videodromo dijo...

Veo que te ha dado de sí este dulce típico de Madrid, y que curiosamente es un tanto desconocido entre los madrileños, es más famoso entre los vecinos del barrio de Salamanca.
Me ha encantado tu post mi estiamdo Mapoto, y has sido todo un descubrimiento, tu blog y tu isla.

Mapoto dijo...

Copépodo, ya, que no tenía que haber revelado el secreto. Siéntolo. Por otro lado, reconozco que después de leer un poquito sobre La Chata me cayó simpática la mujer, pero sin pasarnos. Y sí, en buena compañía las estoy disfrutando.

Videodromo, es que me pareció un regalo francamente curioso. Y... un honor, pero es que la isla ayuda a verme con otros ojos.


Saludos, gracias y cuídense.

copepodo dijo...

Estaba siendo irónico. Me repatea bastante los meloso que ha sido el pueblo de Madrid con la realeza, y cuando veía las Chatitas estas me daba urticaria. Luego las probé y además me enteré de que la Chata murió en el exilio y me supieron mucho más dulces.

Mapoto dijo...

Lo que peor llevo yo, leyendo lo de esta mujer, son las loas que se hacían a la limosna. Por lo demás, valoro mucho que no se casara con un primo.

David Ramos aka "Darwin" dijo...

Sr. Mapoto...cuanto sabe usted de todo!!!, no para de sorprenderme. Por cierto las galletas tienen una pinta que arrea....

Mapoto dijo...

Son los lectores los que me hacen saber cosas y eso... en cuanto a las chatitas, te invitaría, pero hace tiempo que me las comí. Y muy a gusto por cierto.

Saludos.

Anónimo dijo...

Ya sé que es un retrato de época, una pintura de Isabel II. Me pregunto que puede motivar a tener sexo con la reina alegre, y se me ocurren algunas cosas: 1. chantaje -destierro, pena capital etc-, 2. un apretón; 3. morbo -que sin ser borbón tu hijo sea REY-; 4. que la reina Isabel II al natural fuera una bombón borbón -no lo parece pero en fin-... Porque visto el retrato más bien parece una ballena con una mirada lasciva de putilla callejera y sin dientes. ¿Qué os parece?

Mapoto dijo...

Pues yo diría que usaba todo lo dicho para tener todo el sexo duro y salvaje que le apetecía. Con unos el chantaje o aprovechando el apretón y con otros el morbo o el deseo de colocarse bien en la corte. Más difícil me parece lo de "bombón borbón", pero tampoco lo descarto...

Saludos.