Sí, tras un tiempo dándole vueltas, creo que ha llegado el momento de dejarlo, de desintoxicarme.
Son ya más de dos años haciendo el tonto casi cada día, más de dos años sin faltar a la cita (y muchas veces sin venir a cuento) y encajando donde no debiera lo que no encaja ni en esas ni en otras circunstancias. Así que, después de pensarlo mucho y tras los sabios consejos de algún que otro individuo, he decidido que esto no va a ningún sitio y que lo mejor es dejarlo.

Y no es fácil, no crean que es fácil dejar de hablar de tetas (guarden el champán y vuelvan al trabajo que estoy hablando de
dejar de hablar de tetas y no de
dejar el blog), así, como si cualquier cosa. No, no lo es. Y no lo es porque lo llevamos dentro, sí, todos lo llevamos dentro y todos lo expresamos desde que nacemos. Todo recién nacido succiona. Para empezar, amiguitos, todo recién nacido succiona. Pero no sólo eso, todo recién nacido succiona y tiene el reflejo de agarrar todo lo que le pongan en la mano, el llamado reflejo de prensión palmar. Agarrar y succionar, para empezar, agarrar y succionar. Casi nada.
Y dirán, y sé que lo dirán porque la concurrencia mueve los
silebros que es cosa mala, el reflejo de prensión palmar se pierde a los 4 – 6 meses. Muy bien, cómo funciona la wikipedia, pero es que a los tres meses, somos capaces de coger "cosas grandes", ¡cosas grandes!... y, sí, no sólo somos capaces de coger cosas grandes, es que, además, lo consideramos un hito en el desarrollo, tanto como sonreír, decir las primeras palabras o empezar a andar. Un hito, ahí, con dos cojones.
Dicho esto, ¿es que acaso soy yo el que tengo la mente enferma o es que nacemos preparados para ir al ataque? ¿Es que soy yo el que tiene la mente enferma, en serio, soy yo? ¿Es que soy yo el que tiene la mente enferma y que considerarlo un hito es pura coincidencia?
Gracias,
Eulez y
Exseminarista, sabía que no era yo el que tenía la mente enferma. Nacemos preparados para interactuar con las tetas, así de simple, así de difícil de dejarlo de lado.
Pero que no sea fácil, no quiere decir que no estemos dispuestos a intentarlo. Al contrario, nos vamos a partir el pecho por lograrlo (¡toma chiste molón!). ¿Y cómo se deja una práctica tan adictiva como las tetas? ¿Cómo se abandona una droga para la que nacemos preparados? ¿Cómo nos resistimos ante una sociedad que nos obliga a caer una y otra vez en la tentación? ¿Cómo rompemos con el círculo vicioso en el que estamos metidos? Fácil, usando los mismos métodos que usamos para abandonar el alcohol (y son efectivos, yo los he dejado muchas veces) y los que usé para perder el miedo a los lugares cerrados.
Desintoxicación (y hay que tener cuidado con esta fase no sea que "el mono" se nos convierta en un delirium tremens de los bien tremens),
deshabituación (una vez hayamos dejado atrás la dependencia física, pasaremos a la peor fase de las tres: ver imágenes de Fernández de la Vega, Ana Botella, Carmele Marchante,... en paños menores hasta que nos convenzamos de que las tetas no molan... en el blog) y, por último,
confrontación (esto es evidente, enfrentarme a dos buenas tetas y conseguir no publicarlo al instante).
Así pues, explicado todo, pueden seguir disfrutando con las tonterías del Mapoto, a excepción de las de tetas. Eso sí, para que vean que todo esto va en serio, les dejo con un titular que ayer mismo hubiera aprovechado para hablar de las susodichas...
...y mordiéndome las uñas de los
pieses lo dejaré pasar (y ojo,
no es la misma noticia que esta otra y es para hacerse mirar esa obsesión, amiguita Eva. Además, que no sé por qué quiere ser monja si ya es una diosa...). ¿Lo ven? Me estoy reformando, ya casi soy una persona indecente, yo, que era un puto degenerado.
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